domingo, 11 de noviembre de 2018

La Barceloneta contra la violència masclista +Taller "Topless America".


https://www.facebook.com/events/253004822235437/

Un any més, les veïnes i veïns, entitats i serveis de La Barceloneta sortiran al carrer el 25 de novembre per dir PROU a la violència vers les dones. Des de la Taula per l’Equitat de Gènere de La Barceloneta, hem organitzat un seguit d’activitats per a visibilitzar i donar suport a les dones que pateixen o han patit violència masclista.

L'acte central tindrà lloc el diumenge 25 de novembre a les 12h, davant el Centre Cívic Barceloneta (C/ Conreria 1), on el Colectivo Deria+ Rectificadora interpretarà un fragment de la peça "Topless America", una creació que ens parla sobre l'animalitat, el gènere, la poètica, les dones, l'experiència personal... i que podrem veure íntegra el 29 de novembre dins el Cicle Contemporanis a la Barceloneta del Centre Cívic.

Seguirem a les 12.15h amb la Lectura conjunta del Manifest en contra la violència masclista i guardarem un minut de silenci en record de les dones assassinades.

Previ a aquest acte, esteu convidades i convidats a sumar-vos a les diverses crides en foment de la implicació de totes i tots. Confeccionarem llaços liles com a símbol de rebuig, i del 19 al 25 de novembre esperem "Vestir el nostre barri de lila!" penjant dels balcons i finestres roba, llençols, o qualsevol objecte que us vingui al cap i que amb el seu color tenyeixi La Barceloneta contra la violència de gènere.

Recorda que PER A SITUACIONS D'EMERGÈNCIA, hi ha un telèfon d’Atenció permanent, 24 hores, 365 dies. GRATUÏT I CONFIDENCIAL.
900 900 120


Y ....



Taller "Topless America". Amb Uma Maraval i Trinidad Garcia


  • Lunes, 26 de noviembre de 2018 de 16:00 a 18:00
  • Centre Cívic Barceloneta
    C/ Conreria 1, 08003 Barcelona

    Taller gratuït càrrec del Colectivo Deria + Rectificadora. 
    Aproximació als llenguatges del moviment i a la temàtica feminista de l’espectacle homònim.

    Proposem explorar juntes diferents pautes que ens serveixin d'estructura, inspiració i punt de sortida per entendre el material performàtic de Topless América. 
    Parlarem a través del contact improvisació transitant per la incomoditat, el gènere, la poètica, el risc, la transformació, les minories, l'animalitat, la dona... convertint-ho en una reflexió sobre el procés de co-creació on conviuen la improvisació escènica, tècnica i sonora.

    Activitat programada en el marc del Contemporanis a La Barceloneta del mes de novembre i del 25N –Dia Internacional contra la Violència vers les Dones-

    Proposta gratuïta. Places limitades


    Més info i inscripcions a: 

    comunicacio@civicbarceloneta.com o a la recepció del centre cívic


sábado, 20 de octubre de 2018

MOYANO, NUÑEZ, Y BARBAS...


El libro cuenta, de manera más o menos cronológica, la peripecia del "vello género", el de las mujeres barbudas y las damas pilosas, desde su presencia más o menos habitual en las cortes europeas del Barroco, hasta su infaltable incorporación a las Ferias de Fenómenos, tan populares en la norteamérica del siglo XIX. El recorrido acaba con un vistazo al arquetipo de la "mujer felina" en el cine y en el comic.


Hoy sabemos que las causas, perfectamente naturales, de tales pilosidades, son debidas a desajustes hormonales y otros desarreglos como el hirsutismo o la hipertricosis. Sin embargo, la imagen de una mujer barbuda no ha perdido su potencia ni su capacidad de inquietar. Como ejemplo, podemos ver en el Museo del Prado en Madrid un impresionante y bello retrato (pintado por José de Ribera, el Españoleto),
de Magdalena Ventura, mujer barbuda de la corte de Nápoles,
amamantando a su bebé y franqueada por su marido (que luce una barba más corta...).

Encendidos debates alrededor de la naturaleza de la mujer barbuda se han mantenido hasta el mismísimo siglo XIX. Paradigmático y terrible es el caso de Julia Pastrana, una mujer con el cuerpo cubierto de vello. Su fisonomía singular, unida a su corta estatura (apenas superaba el metro treinta), originó acaloradas discusiones entre médicos y zoólogos, quienes no
se acababan de poner de acuerdo acerca de si Julia pertenecía al género humano o no, a pesar de que la aludida se expresara correctamente en tres idiomas y fuera muy aficionada a la lectura. Hasta el propio Charles Darwin intervino en la controversia (con la popularización de la teoría de la evolución, surgió la fiebre por el "eslabón perdido", ese escurridizo híbrido entre el hombre y el simio. Las mujeres pilosas
 volvieron a estar entonces de rabiosa actualidad, protagonizando muchas páginas en los medios). Un avispado empresario americano se casó con la mujer, para poder exhibirla ante el público en maratonianas giras por todo el mundo. Julia quedó embarazada, pero las dificultades del parto acabaron a los pocos meses con la vida del niño y luego con la propia madre. Su marido decidió entonces embalsamar a ambos






 y exhibirlos vestidos con trajes regionales durante los siguientes diez años. Entre tanto, el emprendedor manager se volvió a casar con otra mujer barbuda, a quien rebautizó como Zenora Pastrana, para presentarla como hermana de Julia y exhibirla también junto a los dos cadáveres...

No todas las mujeres barbudas, sin embargo, han tenido vidas trágicas. Algunas han lucido con garbo sus vellosidades, como la suiza Madame Clofullia, procedente de una familia respetable y felizmente casada, o la francesa Clémentine Delait, célebre propietaria del Café de la Femme à Barbe.

Ya entrando en el siglo XX, la presencia de las mujeres con barba es infaltable en los llamados Freak Shows, o ferias de fenómenos, un tipo de espectáculo muy popular en los Estados Unidos, nacido como parte del mundo del circo, sobre todo de la mano de P. T. Barnum, empresario y pionero del circo moderno.

Aunque los tiempos de los Freak Shows ya han quedado atrás, las mujeres con barba siguen siendo inquietantes. Y es que en el imaginario popular, la mujer barbuda es una criatura fronteriza. Siempre en el umbral entre hombre y mujer, entre humano y animal, entre civilizada y salvaje. Pero tal vez esta singular frontera acabe por desvanecerse: yo espero vivir lo suficiente para llegar a ver a una mujer barbuda como presidenta de los Estados Unidos, ministra de defensa de la Unión Europea o, por qué no, Papisa en el Vaticano. Muros más altos han caído.


libro es, en realidad, algo más cercano a la bitácora: unas líneas de navegación por las que transcurre la vida después
 de haber descarrilado de la normalidad y haberse visto obligada a buscar otros surcos en los que
 hacer camino al andar. Esto inaugura una perspectiva nueva de la vida, tanto propia como ajena,
en cuanto a proyectos y prioridades se refiere: los hábitos comunicativos, la escala de sensibilidades,
la rareza de la enfermedad y la enfermedad como rareza.
El resultado es cercano e irónico, y no busca la incorrección pero da la espalda a la corrección porque
cuentas las cosas como son. Algo muy difícil de hacer hoy en día.
El presente trabajo se constituye al modo en que lo hacen aquellos proyectos que están inacabados,
que se aproximan a la vida y solo son susceptibles de constatar que esta se aleja de la posibilidad de desarrollar
 sobre ella una mirada objetiva y, al mismo tiempo, se imbrican con el yo que investiga que, en definitiva,
no busca sino un modo de poder decirse, de participar como sujeto canónico en el discurso de la ontología.
Una ontología que se revela, en el pensamiento occidental,
como sesgada por las nociones que constituyen los ejes de emergencia de lo humano: el género, el sexo,
 las sexualidades, la raza, el nivel socioeconómico, el lugar de procedencia.
Se ha tratado de alterar ese lugar hegemónico recogiendo, en una suerte de línea de sentido,
datos acerca de aproximadamente setenta mujeres, cuya configuración corporal singular supone,
ante la mirada, una quiebra de la norma y una necesidad de resituarse y confrontar las certezas acerca de lo corporal.
 Su situación personal, la fuerza con que cuentan sus apariciones en distintos contextos de intelección, sus palabras,
permiten encontrar espacios de resistencia, no solo para su permanecer en la vida, sino para abrir lugares de habitabilidad
para todos los cuerpos.





 la autora “indaga en cómo se piensan hoy una importante cantidad de mujeres que han descubierto la fuerza desobediente de la vellosidad”


 - esta sesión en la que se cuestionará el binarismo de género,
la construcción de la masculinidad y de la feminidad y se propondrá una lectura de las corporalidades como continuum.
Una excepción notable fueron las famosas mujeres barbudas de los espectáculos de rarezas del siglo XIX y principios del siglo XX, cuya anomalía era celebrada, como Josephine Clofullia la mujer barbuda del museo de Barnum o la del circo Ringling Brothers Jane Barnell. Muchos circos y carnavales de fenómenos de la época presentaban falsas mujeres barbudas que en realidad eran mujeres con postizos faciales u hombres vestidos de mujer, práctica circense de la que se burla el actor y antiguo artista circense W. C. Fields en la película de 1939, No puedes engañar a un hombre sincero.3​ En la serie de televisión American Horror Story aparece una mujer barbuda interpretada por Kathy Bates.[cita requerida]

Mujeres notables con barbas

Magdalena Ventura, retrato por José de Ribera (1631)
Siglo XII
Topographia Hibernica obra escrita por Giraldus Cambrensis
Siglo XIV
Santa Wilgeforte
Siglo XVI
Helena Antonia
Siglo XVII
La mujer barbuda (Magdalena Ventura con su marido), retrato pintado por José de Ribera (1631)
Siglo XIX
Julia Pastrana
Josephine Clofullia
Annie Jones
Alice Elizabeth Doherty ("La Chica lanosa de Minnesota", 1887–1933)
Siglo XX
Clémentine Delait (finales del siglo XIX y principios del siglo XX)
Jane Barnell (finales del siglo XIX y principios del siglo XX)
Jennifer Miller
Vivian Wheeler


El presente trabajo se constituye al modo en que lo hacen aquellos proyectos que están inacabados, que se aproximan a la vida y solo son susceptibles de constatar que esta se aleja de la posibilidad de desarrollar sobre ella una mirada
objetiva y, al mismo tiempo, se imbrican con el yo que investiga que, en definitiva, no busca sino un modo de poder decirse, de participar como sujeto canónico en el discurso de la ontología.
Una ontología que se revela, en el pensamiento occidental, como sesgada
 por las nociones que constituyen los ejes de emergencia de lo humano: el género, el sexo, las sexualidades, la raza, el nivel socioeconómico, el lugar de procedencia.
Se ha tratado de alterar ese lugar hegemónico recogiendo, en una suerte de línea de sentido, datos acerca de aproximadamente
setenta mujeres, cuya configuración corporal singular supone, ante la mirada, una quiebra de la norma y una necesidad
de resituarse y confrontar las certezas acerca de lo corporal. Su situación personal, la fuerza con que cuentan sus apariciones
 en distintos contextos de intelección, sus palabras, permiten encontrar espacios de resistencia, no solo para su permanecer en la vida,
sino para abrir lugares de habitabilidad para todos los cuerpos.
ensayo de Pilar Pedraza llamado Venus barbuda y el eslabón perdido, publicado por Siruela hace un par de años.




Marina Núñez (Palencia, 1966) expone por primera vez en la Galería Pilar Serra (Madrid), tras una dilatada trayectoria que comienza en la década de los noventa. 'La Mujer Barbuda' incluye una serie de retratos femeninos en los que las mujeres aparecen como seres mutantes y bellos.


En este caso, la artista nos presenta un tema tabú que la sociedad trata de ignorar, el “error” que la naturaleza a veces comete al dotar en un momento dado a ciertas mujeres de un vello facial abundante. Recordemos la famosa pintura de José de Ribera, en el Museo del Prado, La mujer barbuda (1631), en la que Magdalena Ventura amamanta a su tercer hijo en presencia de su marido.

Las mujeres con barba son rechazadas, asustan porque lo diferente siempre ha sido combatido por una parte de la sociedad que teme la diversidad. ¿Por qué la artista ha escogido este tema? En el siguiente texto nos da las claves:

“El vello facial es uno de los caracteres sexuales secundarios, y las mujeres barbudas, con sus características fenotípicas inesperadas que complican el rigor de las clasificaciones anatómicas, nos sitúan ante un panorama estimulante.

Las representaciones de mujeres barbudas pueden ser intentos naturalistas de corte científico de representar errores o singularidades de la naturaleza, o tener pretensiones simbólicas moralizantes contra el deslizamiento de género o las
conductas sexuales inapropiadas, o apelar a una lujuria asociada a los irrefrenables instintos de una mujer-bestia a medio camino entre lo animal y lo humano, o plantear desafíos tipo drag king a la programaciones de género y las certezas identitarias.

Esta última opción, se trate de biología o de disfraces, es la que esta exposición plantea. Porque las monstruas hirsutas, contaminadas de otredad, amplían nuestros horizontes respecto a la rigidez de la dicotomía masculino/femenino, por extensión cuestionan la firme imposición social a que escojamos una sola y prefijada identidad (de género, sexual) para toda la vida.

Siete mujeres barbudas dibujan con pelo en su rostro y cuerpo sus circunstancias o deseos. Líneas fractales, manchas del test de Rorschach, un bordado de flores, dibujos celtas tipo tattoo, palabras que definen lo monstruoso pero también lo maravilloso y admirable, pestañas y cejas que enmarcan la mirada, o unas manos acariciantes, crecen en mujeres que nos miran serenas, conscientes de que son extraordinarias.

En la otra serie de la exposición, el rostro de tres mujeres es definido tan solo por ese vello facial que dibuja sus ojos y bocas, como si el cabello, que tanto se asocia a la belleza femenina, fuese su único atributo. Podrían parecer ciegas y mudas, pero de esos orificios surgen mechones vitales y elocuentes”.



El presente trabajo se constituye al modo en que lo hacen aquellos proyectos que están inacabados, que se aproximan a la vida y solo son susceptibles de constatar que esta se aleja de la posibilidad de desarrollar sobre ella una mirada objetiva y, al mismo tiempo, se imbrican con el yo que investiga que, en definitiva, no busca sino un modo de poder decirse, de participar como sujeto canónico en el discurso de la ontología. Una ontología que se revela, en el pensamiento

occidental, como sesgada por las nociones que constituyen los ejes de emergencia de lo humano: el género, el sexo, las sexualidades, la raza, el nivel socioeconómico, el lugar de procedencia.

Se ha tratado de alterar ese lugar hegemónico recogiendo, en una suerte de línea de sentido, datos acerca de aproximadamente setenta mujeres, cuya configuración corporal singular supone, ante la mirada, una quiebra de la norma y una necesidad de resituarse y confrontar las certezas
acerca de lo corporal. Su situación personal, la fuerza con que cuentan sus apariciones en distintos contextos de intelección, sus palabras, permiten encontrar espacios de resistencia, no solo para su permanecer en la vida, sino para abrir lugares de habitabilidad para todos los cuerpos. 







Atribulada por la confusión en que la están sumiendo el haber recibido la propuesta de matrimonio que le ha hecho un antiguo conocido y la atracción física que siente hacia su criada, Adela Castro confiesa a su sacerdote un profundo secreto, raíz del origen de sus dudas acerca de quién es realmente: «Yo me afeito». «No sé si soy una mujer normal», agrega.

Aunque es una película en la que, entre otros temas, es posible identificar una intención de afirmar al individuo por encima de su identidad sexual o normas de género, dentro del contexto de Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1972) mediante esa secuencia y la que se muestra la rutina matinal de afeitado de Adela[1], mujer de provincias que se conduce con un mojigato conservadurismo, se comunica con claridad al espectador la tajante oposición que hay entre el cuerpo biológico y las convenciones de género que debe cumplir dados su sexo y clase social: Adela es un hombre porque le crece barba.

Esa es la convención que analiza y confronta María José Galé Moyano en este libro, donde presenta las biografías de setenta mujeres barbudas y critíca la persistencia de una concepción del cuerpo (materialidad «que nos pertenece de forma más íntima e incuestionable») como un ámbito constreñido por un canon, que permite situarlo dentro de lo objetivable y, consecuentemente, lo torna susceptible de ser integrado en los discursos de poder y vulnerable a estos.

El análisis que Galé Moyano, doctora por la Universidad de Zaragoza y cuyo campo prioritario de investigación abarca el feminismo, los cuerpos, la filosofía contemporánea, la literatura y el arte, tiene como propósito esencial ampliar los límites de nuestra mirada al respecto de la multiplicidad de configuraciones corporales y hacer legibles todas aquellas posibilidades de vida distintas a las categorizadas como normales. El discurso que presenta es de reivindicación de una lucha política y social que tienda a hacer una« lectura crítica de la interpretación de lo humano» y atienda a esos espacios minoritarios, márgenes, en los que «se articula una capacidad crítica importante».

Su tesis se apoya principalmente en las propuestas de la filósofa Judith Butler respecto a la materialidad y performatividad del género, ligada a su vez al concepto de ‘ideal regulatorio’ foucaltiano, que plantea que el cuerpo se materializa en virtud a la reiteración de una serie de normas reguladoras. Como Butler pone de manifiesto, este hecho es evidencia de la fragilidad inherente a esas normas, ya que dicha fuerza reguladora «puede volverse contra sí misma y producir rearticulaciones que pongan en tela de juicio la fuerza hegemónica de esas mismas leyes reguladoras».[2]

Insiste en la observación de Butler, quien expone la complejidad inherente a la naturaleza psíquica del sexo («mucho más compleja e inescrutable de lo que el yo que la habita puede siquiera imaginar»), y reivindica su afirmación de la necesidad de invertir la matriz de lectura de lo corporal, a fin de que albergue dentro de lo vivible a todos los cuerpos y no sólo a aquellos que, con un menor o mayor grado de violencia, sean capaces de adaptarse a la matriz heterosexual normativa y a la división binaria de sexos y géneros.

En la primera parte del texto introductorio que desarrolla, ‘Cuerpos fronterizos: la zona gris’, es particularmente denso y toma su título de la expresión utilizada por Laura Bulgalho en la conferencia, ‘Transfeminismo lésbico’.[3] Con ‘zona gris’, Bulgalho aludía a «aquella parte del rostro donde, a pesar de la posibilidad de desarrollar técnicas de depilación, de utilizar toda una serie de elementos relativos a las tecnologías de género, continúa permaneciendo una huella, un rastro, que evidencia en alguna medida la dificultad de performar un género que en cualquier circunstancia puede ser leído y comprendido sin fisuras».

La extensión y profundidad de este capítulo refleja la voluntad de Galé Moyano por establecer para el lector con el mayor detalle y rigor el contexto teórico-ideológico dentro del cual se integra su investigación, haciendo advertir la complejidad de factores que deben ser contemplados en la reflexión acerca de las ideas de cuerpo, sexo y género —a la vez que reitera infatigablemente la necesidad de una revisión crítica de las convenciones establecidas.

Galé Moyano examina aquí cómo el paso del modelo anatómico propuesto por Galeno en el siglo II d.C., según el cual, existe un único sexo, señalando una misma identidad estructural de los órganos reproductores y tomando al masculino como referente de perfección (las mujeres serían esencialmente hombres e los cuales una falta de calor vital se había traducido en la retención en el interior de las estructuras visibles en el hombre). Este modelo perduraría hasta finales del siglo XVIII, cuando surge uno de divergencia biológica que constituiría el fundamento epistemológico según el que pasarían a basarse las afirmaciones normativas sobre el orden social. La afirmación del médico francés Achille Chereau en 1844 de que «sólo por el ovario la mujer es lo que es», destacada por Galé Moyano, refleja con claridad el reduccionismo fundado en lo biológico que confinaría a la mujer a una función primordialmente reproductiva, que invalidaba sus posibilidades de igualdad en un plano político. Esta relegación sería reforzada por teorizaciones sobre el ciclo menstrual (que se mantendrían vigentes desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del XX) e investigaciones sobre la histeria, tesis que sujetaban a las mujeres a sus órganos reproductores y las interpretaban como «inestables, inconmensurables, desbordantes».

La autora plantea que el género es un factor cuya definición trasciende la limitadora objetividad científica, que decide el sexo y las normativas a las que debe adecuarse en función de su configuración anatómica. No obstante, éste ha devenido medio « medio discursivo/cultural mediante el cual la ‘naturaleza sexuada’ o un ‘sexo natural’ se produce y establece como prediscursivo […]» y, como señala Butler, una concepción normativa del género puede socavar la capacidad de la persona para continuar habitando una vida llevadera, hacer que la vida prospere y persista.

Las convenciones de género quedan en entredicho con un vistazo desde lo antropológico. La autora habla aquí de dos claros ejemplos de reconocimiento de un tercer género entre los guevedoche dominicanos y los kwolu-aatmwol de Nueva Guinea (pág.36), Ejemplos adicionales a sumar que podrían sumarse a estos son los hijras en la India, los fa’afafine de Samoa, las yimpinnini (también llamadas Sistergirls) de las Islas Tiwi, las virgjeneshtë de Albania…
En la segunda parte de su análisis, ‘Cuerpos fronterizos’, Galé Moyano cita los textos de la activista, poeta y escritora chicana Gloria Anzaldúa y su idea de la frontera como espacio de hibridación de identidades, un lugar difuso y de límites turbios que obliga a que núcleo y frontera estén obligados a posicionarse y reproducirse una y otra vez. Un ámbito de confluencia que produce una normatividad alterada, concepto para abordar la noción de lo queer que es el que constituye el eje de esta sección de su exposición, y de cómo este término es la fuerza productiva de «una categoría que, arrebatada a los discursos imperantes en torno al género, al sexo y la sexualidad, nos dota de la capacidad de revisión de la representatividad, de las políticas de exclusión, (…) Pero todo ello siempre como sujetos no soberanos, (…) con una agencia que en nada puede alcanzar la certeza y la seguridad de que las consecuencias de nuestras palabras y acciones sean aquellas que previamente deseamos» . Un argumento que apoya la necesidad de afirmar el discurso y comprensión del género como un ámbito constantemente fluido y mutable, abierto,

Es crucial el uso del término inteligibilidad / ámbito de ininteligiblidad para este ensayo, ya que expone en todo momento la necesidad de imponer un contexto a estas personas a fin de ajustar sin perturbaciones su presencia dentro de un entramado social y cultural definido por unas ortodoxias de género. Las alteraciones, los «agravios», colocan a ciertos cuerpos en las ontologías accesibles, de los esquemas de inteligibilidad disponibles.

En este punto es en el que se ubica la figura de la mujer barbuda, y se es escogido por María José Galé Moyano como eje para su análisis por tratarse de «un cuerpo que de manera instantánea interpela a quien lo observa, haciendo tambalearse las convicciones en cuanto a las fronteras establecidas de género».

Desde este punto de vista, el hirsutismo se afirma como una de las posibles manifestaciones biológicas de la configuración humana, y no un elemento intrínsecamente definitorio de la identidad sexual. Es seguramente por esta determinación a no explorar desde la dimensión de alteración, potencialmente justificable como ‘patología’, y que sería absolutamente incoherente con la posición ideológica expuesta al inicio del libro, por lo que la autora no pormenoriza sobre las razones médicas que pueden dar lugar al crecimiento de vello facial (niveles hormonales, ovarios poliquísticos, etcétera, aunque posteriormente mencione la hipertricosis como causa del crecimiento de vello corporal en algunos de las biografías que recoge).

Galé Moyano refiere el estudio de Pilar Pedraza Venus barbuda y el eslabón perdido (2009) en la introducción del segmento dedicado a recoger diversos casos de mujeres barbudas a lo largo de la historia, destacando como ejemplos más arcaicos los de un presunto culto a una Venus calva y a una Venus barbuda en Chipre y la faraona Hatshepsut (gobernante entre 1490-1468 a.C.). Prosigue con ejemplos recogidos en escritos del siglo XV y diversos mirabilia, profundizando a continuación en las crónicas sobre santas barbadas, como Santa Wilgefortis y Santa Paula de Ávila (cuyas barbas, al afearlas, protegieron su virginidad), o bien cuyo cuerpo estaba cubierto por una melena frondosa que les otorgaría un aspecto asalvajado, como María Magdalena o María Egipcíaca.

Quizá puede echarse de menos como complemento a este inicio una reflexión en torno a la dimensión simbólica de la barba, brevemente apuntada al citar a Hatshepsut (mencionando éste como un atributo de poder político). Como nos informa Galé Moyano, las imágenes de Santa Wilgefortis fueron condenadas por la Iglesia como una representación grotesca del Cristo crucificado; no obstante, la perspectiva provocadora y estimulante que estudios como The Sexuality of Christ in Renaissance Art and Modern Oblivion de Leo Steinberg (1983), incita a llamar la atención en torno a la iconología e implicaciones teológicas en torno a la androginia (como reflejo de la hibridación entre lo humano y espiritual) que estas representaciones consideradas sacrílegas podían albergar. De igual manera, otro símbolo que puede acudir a la mente del lector es el del personaje de Barba Azul como encarnador de una masculinidad terrible y destructiva, y cuya barba « lo hacía feo tan feo y terrible, que no había mujer ni joven que no huyera de él»[4] puede leerse aquí como la concepción de la barba como un símbolo establecido como antagónico de lo femenino.

El subsiguiente repaso que la autora efectúa sobre los retratos de mujeres barbudas en el arte durante los periodos renacentista y barroco, supone un primer acercamiento a la existencia documentada de estas personas y de sus circunstancias que, como todos aquellos individuos con singularidades físicas, se veían sujetos a la «exhibición, el espectáculo, el coleccionismo y por otro la interpretación jocosa, el acercamiento burlesco», lo que prefiguraría la confinación de éstas en los siglos posteriores al circo y a los espectáculos de feria y a una investigación médica obstinada en racionalizar la naturaleza biológica femenina de estas mujeres.


Dentro de este tramo cronológico, es mediante los exámenes efectuados por Galé Moyano recogiendo las aportaciones de otros estudios críticos, sobre el personaje de la dueña Dolorida, que aparece en la segunda parte de El Quijote, y el retrato de Magdalena Ventura, pintado por José de Ribera, donde se plantea la existencia en aquel tiempo de una mirada más compleja en torno a la identidad y el género y la percepción de éstos.
[“Variación sobre el tema de Wilgeforte para una estampita de la Santa” de Irene Mala]

El grueso de biografías recogidas por la autora corresponde a mujeres barbudas célebres a lo largo del siglo XIX (extendiéndose el lapso vital de algunas de ellas hasta el XX). Cabe destacar el exhaustivo trabajo de búsqueda de referencias y documentación al respecto de cada una de ellas, aún más meritorio por cuanto gran parte de la información compilada procede de internet y de fuentes cuya fiabilidad puede ser más o menos cuestionable, que confunden o no contrastan datos que, originalmente, ya podían haber sido interesadamente tergiversados con fines publicitarios. La dispersión de los documentos originales que puedan conservarse (incluyendo documentos médicos), y la falta de datos sobre su ubicación actual dificulta sin duda la posibilidad de estudios más exhaustivos. Galé Moyano desbroza en todo momento la información con cuidado para entregarla al lector bajo una forma y tono rigurosos, dando a entender a la vez cómo la propia precariedad de las fuentes documentales disponibles es un signo elocuente respecto al alejamiento de lo hegemónico de la figura de la mujer barbuda.

Respecto a periodo, se comprueba cómo el ámbito de inteligibilidad para las mujeres barbudas se restringió casi en exclusiva al de los espectáculos de variedades. Como plantea el peculiar caso de Clémentine Delait, que regentó un negocio familiar que adquiriría notoriedad precisamente por la barba que ella decidió orgullosamente dejarse crecer tras haber visitado un circo de fenómenos, y que tras enviudar en 1928 escogió exhibirse por diferentes ciudades europeas, este espacio de inteligibilidad, aún en la cosificación que suponía, ofreció a algunas de estas mujeres la oportunidad de una experiencia vital enriquecedora, que las cultivó personal e intelectualmente. No obstante, eso no impidió que muchas de ellas se vieran sometidas a la ambición de sus representantes por el ingente beneficio económico que podían aportarles (valgan como ejemplos el intento de secuestro que sufrió Annie Jones (ca.1860-1902), en uno de los episodios por un frenólogo que aseguraba ser su padre; o los de Krao Farini, cuyo representante se convirtió también en su padre adoptivo y Julia Pastrana, cuyo esposo y manager, se lucró con ella incluso tras su muerte y se apresuraría a contraer nuevo matrimonio con otra mujer barbuda, Marie Bartel, presentándola como hermana de la difunta Julia.)

Los fragmentos de estudios médicos y artículos de prensa o contenidos en libros relativos a los casos particulares que Galé Moyano selecciona coinciden en el esfuerzo por desmontar la noción de virilidad asociada a la presencia de la barba mediante el énfasis en la feminidad biológica de estas mujeres (la incontestable regularidad de la menstruación, la normalidad de su capacidad reproductiva) así como en la atribución a estas mejores de las cualidades ortodoxas de la feminidad respetable (amantes esposas y madres, de dulce carácter, hacendosas, de silueta delicada y elegantes en el vestir, cultas y refinadas…). Desafortunadamente, no parece disponerse de fuentes que recogieran las voces y pensamientos de estas mujeres en primera persona a fin de poder comparar estos discursos científicos y comerciales y sus vicisitudes reales. El material que nos brinda la autora sobre estos casos datados a lo largo del siglo XIX permite intuir casos en los que estas mujeres tuvieron una vida aparentemente feliz, esencialmente en aquellas que procedían de o alcanzaron un estatus más o menos privilegiado; no obstante, hallamos otros en los que la penosa situación socio-económica de la mujer, sumada a causas como enfermedades psiquiátricas (llama la atención que en algunos casos el motivo sea lo que actualmente se diagnostica como depresión post-parto), incrementaría el estigma y prejuicio despertado por la presencia de la barba en estas mujeres que acabaron confinadas en cárceles o manicomios.

Dos particulares casos situados en el siglo XX, el de Jane Barnell/Olga Roderick (nacida en 1871 y de la que se desconoce la fecha de fallecimiento) y el Percilla Bejano (fallecida en 2001), pueden leerse como una especie de síntesis sobre la vida de las mujeres barbudas en ese mundo decimonónico, donde los espectáculos de fenómenos eran un éxito, y puente de transición hacia la actualidad. La primera intervino en la película Freaks de Tod Browning (1931) y fue una mujer de personalidad compleja y claras convicciones ideológicas, consciente de cómo no sólo su barba sino también el hecho de descender de una herencia india americana y rusa la situaba en una frontera que cuestionaba su identidad de ‘mujer blanca’. Su caso es particularmente significativo por encarnar con autenticidad el complejo conflicto entre reivindicación política de identidad, al margen de las convenciones sociales ortodoxas, y su carácter de figura-producto en la industria del espectáculo. Por su parte, la vida de Percilla Bejano puede leerse como un ejemplo de afirmación de su condición individual e, incluso, de liberación de las restricciones para su inteligibilidad impuestas por esa industria del entretenimiento de la que ella fue sujeto.

En la actualidad, la figura de la mujer barbuda se reformula en diferentes aproximaciones, planteando en cada una de ellas una reformulación de las convenciones ortodoxas de identidad sexual y género. Para algunas de estas mujeres, como Jennifer Miller, Little Bear Schwarz y Jessa Olmstead, el espacio del show supone un ámbito de performatividad queer desde el que proclaman una confrontación con la norma.

Ligando su identidad a la de la mujer barbuda exhibida en ferias y circos en el siglo XIX, la alemana Mariam, cuya barba comenzó a crecer después de que diera a luz a su primer hijo, investiga y difunde en torno a la historia y presente de las mujeres barbudas planteando su exhibición, con un camerino construido al estilo de las antiguas barracas de feria y una actividad prolífica en las redes sociales, reivindicando la libertad de decidir sobre el propio yo más allá de las imposiciones. Como ella, otras mujeres como Siobhan Fletcher o Annalisa Hackleman reivindican su barba como un elemento intrínseco a su cuerpo y la feminidad, escogiendo no someterlo a las tecnologías de eliminación del vello (un proceso no siempre cómodo ni que garantice el efecto perseguido y que, como algunas de estas mujeres plantea, merma su autoestima).
Galé Moyano no descuida la mención a casos de mujeres procedentes de otros ámbitos culturales, aunque la brevedad de la información aportada y el hecho de que ésta proceda del ámbito de la prensa sensacionalista son un signo de la persistencia de un tratamiento aún arraigado en atavismos respecto a la mujer barbuda, confinando a ese espacio de inteligibilidad del freak su existencia.

Supone un interesante puente para el análisis entre los conceptos de género hegemónicos en culturas no occidentales y los occidentales la figura de Harmaan Kaur, una joven británica que al adoptar la religión sikh dejó crecer su barba y gradualmente desarrolló una mayor aceptación de ésta, por infundirle un intenso sentimiento de identidad y libertad. Aun de acuerdo con Galé Moyano en su opinión en torno al perfil de Harmaan, destacándola como una persona que ha escogido la decisión inevitablemente política, de hacer que su cuerpo sea visibilizado, comprendido, valorado, deseado», la emergente carrera como modelo de ésta incita a la reflexión acerca de la actual industria de la moda y cuestionar si esa visibilidad que revistas y pasarelas están dando a individuos que transgreden ortodoxias suponen la afirmación de un espacio de inteligibilidad positivo o si, por el contrario, se está produciendo un uso mercantilista de la diferencia y de la disolución de las convenciones de género, que enmascara tras la aparente voluntad de transgredir los dictámenes del sistema un apuntalamiento de las estructuras y jerarquías tradicionales de éste. Discernir si la «supuesta superficialidad de la moda se convierte en un producto de protesta: una forma de declaración, concepto o contemplación»[5] o se trata de una glamourización oportuna y calculadamente construida para ser consumida como subversión transitoria (y, en este sentido, prolongadora de ese efecto de «atracción irresistible hacia lo excepcional» que despertaba el fenómeno exhibido en un circo o espectáculo de feria).

En su capítulo final, como conclusión-epílogo, Galé Moyano recalca una vez más la necesidad de ámbitos de resistencia, «ámbitos vivos de subversión», necesarios para «desvelar el artificio de lo canónico» y la «violencia constrictiva» con que la norma es impuesta por quienquiera que se haya autoerigido como garante de esa norma canónica. El objetivo es que cualquier configuración corporal sea comprendida como normal, de suerte que cada vida, como plantea Butler, sea capaz de ser plenamente vivida.

La claridad con que la autora transmite ese mensaje radica no sólo en la minuciosidad con que sintetiza las aproximaciones teóricas al tema del cuerpo y el género, sino también por la palpable sensibilidad que subyace en su tratamiento de cada una de las setenta mujeres biografiadas en este libro, haciendo que el lector tenga presente en todo momento la dimensión humana de éstas y enjuicie las convenciones que las sometieron a esas circunstancias. Galé Moyano hace comprender la necesidad tanto de una abolición de pre-establecimientos en la sociedad que permita la realización en plenitud e igualdad de la vida de cualquier persona, sean cuales sean las circunstancias y expresiones de individuación que escoja, como la existencia de un territorio queer de subversión, que siga tensando los límites y evitando la afirmación de normatividades. Esto hace que Mujeres barbudas. Cuerpos singulares sea, además de un interesante libro de análisis y divulgación, una honesta interpelación en pro de individuos y sociedades críticos y conscientemente auto-liberados de ignorancias y dogmatismos caducos y destructivos, que ataquen o repriman cualquier dimensión de una persona.

[1] Un ejemplo presente en la filmografía española sobre el tema de la mujer barbuda y el cuestionamiento a las convenciones de género es la película dirigida por José María Forqué Una pareja…distinta (1974). Aunque imperfecta y quizá fallida, articula una fuerte crítica hacia una sociedad que marginaliza y usa para sus depravaciones a personas que, como los personajes de la mujer barbuda (que acaba de dar a luz a una hija) y el transformista, interpretados por Lina Morgan y José Luís López Vázquez, no se ajustan a las ortodoxias de normalidad.

[2] Judith Butler, Cuerpos que importan, Barcelona: Paidós, 2002, pág. 18.

[3] Pronunciada dentro del marco de unas jornadas organizadas por la Universidad de Zaragoza en 2012

[4] Charles Perrault, Cuentos de antaño, Madrid: Laurin, 2016, pág. 117.

[5] Nathalie Kahn, «Catwalk politics» en S. Bruzzi y P. Church Gibson, Fashion Cultures. Theories, Explorations and Analysis, Londres: Routledge, 2000, pág. 117.








jueves, 11 de octubre de 2018

SUDANSA, Bujarloz by JAEN





Un humil homenatge , ...em sentia molt petita en mig d 'allò que tú tantes vegades havies omplert...gracias JAVIER por tu generosidad, eres una maravilla! - el Brossa actual , volvemos con #SUDANSA , empieza el nuevo curso! feliz !


lunes, 10 de septiembre de 2018

Clase pre jam 16-09-18 enestudio

Próximo Domingo 16:30 hs JAM con clase previa a cargo de Trinidad García Espinosa Deria Rectificadora Colectivo

"La actura vs aumentar y disminuir" 16:30 a 18:30 hs

Reserva tu lugar: enestudiobcn@gmail.com / +34 661061187

no se la pierdan !!

+info: 
http://www.enestudio.info/p/pre-jams.html

www.enestudio.info

lunes, 25 de junio de 2018

La mirada de patricia ! Topless América

LLENGUA I LIT.CATALANA

1r BATX. P3

 

COS DE DANSA

 

Un espai negre, fosc, només es veu el fil de llum que deixa entrar la porta. Se sent un murmuri de gent que m'envolta, preguntant-se què és el qupassarà a continuació.
Una llum enfoca el terra nu, com la dona que està estesa. Sorolls en directe que fan posar la pell de gallina. Un cos dèbil i nu al terra fred es mou amb agilitat, es refrega contra si mateixa i comença a ballar.

Ara en són dos els cossos que es desplacen per l'espai, salten i volen. Un peu, un pit i una cama, de sobte, pugen de seient en seient, com un animal esperant la seva presa, com un cos desesperat per desplaçar-se. Trenca el silenci la veu d'una dona cantant en directe, crida i alça la veu, com el cos intentant arribar a tots els racons de la sala. Sembla que les parets es menjaran l'espai, quedem petits envoltats en la grandesa dels moviments. Tot l'ambient canvia constantment transportant-nos a diferents situacions i escenes que fan engrandir més la boca. De sobte, una llum roja aclapara totes les vistes dels espectadors deixant un ambient càlid i esgarrifós. El to dels murmuris comença a ser tremolós. Se senten crits, els vols que començaven a fer els cossos a pell descoberta semblen endimoniats, es veuen gestos de dolorde poca esperança. Els espectadors estan desesperats per veure el final.

Ara són vuit els pits que es mouen per l'espai, ara són vuitanta els dits que es refreguen per terra i per l'aire. Ara això sembla un circ amb animals empresonats i espectadors visionant una escena de tortura. Cada gest adolorit representa una situaciósobre el control de la nostra ànima sobre el nostre cos. Ara comencem a entendre cada captura que ha fet la nostra ment de tota la història representada.

Les llums s'encenen i els ulls fan mal. Les dones que ballaven pel terra contemporani, s'aixequen a saludar. Ha estat un viatge d'una hora què ens ha portat a veure la reivindicació sobre la tortura de la societat en el nostre cos dèbil.

Patrícia BELMA TUDELA